El no ponerte nombre ha sido un caballo de batalla que llevo teniendo conmigo mismo bastante tiempo. Mucha gente se ha sorprendido cuando lo he intentado explicar. La verdad que responde a dos premisas muy simples y a la vez tremendamente complejas:
1.- Hemos cambiado. No somos los mismos. Ni lo quieres ser. Tal vez sea indicado esperar un nuevo nombre.
2.- Más profundo, oscuro y malvado. Como estoy descubriendo mi vena celosa y no soy capaz de controlarla, prefiero eliminar la conversación y no ver como me has dicho que te vas a dormir y media hora después sigues conectada. Tan fácil como retorcido. Tan cierto como avergonzado me siento de ello.
En vez de mejorar como persona, empeoro. Me repulso. Normal que lo hagas tú también. Normal que no estemos juntos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario