La libreta de Elena

- ¿Qué, qué quiero? Pues quiero un beso de esta boca que me encanta. Quiero una caja de lápices para colorear cada momento de los que pasamos juntos. Quiero ver las estrellas y que nos digamos cuanto nos queremos. Quiero una bufanda que huela a ti, quiero una sonrisa tuya cada día, quiero poder abrazarte cada vez que me entren ganas, quiero ser capaz de crear un mundo solo para nosotros. ¿Y tú, qué quieres?
- ¿Yo? Yo te quiero a ti.

Touché

- Dime que me quieres.
- Te quiero.
- Dime que me quieres mucho.
- Te quiero mucho.
- Dime que me necesitas.
- Te necesito.
- Dime esas palabras tan feas.
- Te amo.
- Mmm al final tendré que creerte y todo. Toma anda, que con esto no haces nada aquí.
- No, quédatela. Tal vez algún día podamos sacar un destino de viaje de esto.
- ¿Viaje? ¿Juntos? Creo que tú y yo juntos no vamos a ningún lado.

Ser tú


- Sabes que no soy perfecto, ni santo, ni bueno.
- . . .
- Soy bajito y moreno. No tengo los ojos azules, ni verdes; sino marrones, del más común de los marrones. No aspiro a ser una gran super estrella, ni a ser multimillonario; al revés, soy bastante más simple: me gustaría poder ser profesor de educación física. De ello podemos concluir que tampoco es que sea un superdotado intelectualmente. No soy rico, ni ahorrador, me gusta disfrutar de lo que tengo con la gente que me hace feliz. No tengo un gran coche; es más, ni siquiera tengo seguro del coche. No tengo casa, ni piso propio; vivo con mi madre. Tampoco puedo decir que tenga una familia numerosa e influyente; como yo, ellos también son bastante simples, de un pueblecito de Jaén, escondido entre olivos. Y además pocos. No tengo grandes aspiraciones; me gusta mi vida como es: simple y sencilla, bonita y completa. No aspiro a ser un gran profesor tampoco y, por qué no decirlo también, tampoco aspiro a ser un gran árbitro. Me gustaría llegar hasta donde sea capaz y me dejen. Pero no quiero que me regalen nada. Si esto es lo que merezco, que así sea. Porque como ya te he comentado, no soy bueno. Ni un santo, si no no sería árbitro. Soy egoísta, muy egoísta, como ya habrás podido comprobar. Soy impulsivo en algunos momentos, y lo odio. Ojalá pensase las cosas antes de hacerlas; si juntamos el egoísmo con la impulsividad, también concluimos que soy un niñato. Sinceramente, creo que es difícil ser yo.


Sí, realmente puedo decir que no soy el prototipo de chico de las películas. Me gusta pensar que puedo mejorar y proponerme metas, pero la verdad es que me gusta como soy. No siempre, es cierto, pero en general, disfruto siendo yo. Porque,  ¿Para qué ser perfecto si la vida ya es perfecta? En la imperfección está el encanto.

Toco tu boca, Julio Cortázar

"Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio.
Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura.
Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella.
Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua"

Tómalos

¿Qué pinta tengo? ¿Es que parezco el mago de Oz? ¿Qué es lo que quieres, mi cabeza o mi corazón?
Pues hala, tómalos, llévate todo lo que es mío. Total, yo tan solo estaba guardándotelos, son tuyos.

Destino ¿final?

- No sé ... tal vez ... ¿Te acuerdas de la peli de ayer? No sé ..
- Me acuerdo, creo. Pero, la verdad, no sé a que te refieres.
- A lo mejor del plan dice que no tienes que estar conmigo.
- A lo mejor, para que negarlo. Pero lo bueno es que podemos cambiar el plan.
- ...
- Y estoy dispuesto a cambiarlo para estar contigo

Suficiente

-Lo cierto es que, aunque me encante que me levantes, esta vez no me ha terminado de ilusionar.
-Sí, ya veo como te encanta todo.
-En realidad,  me has preocupado y todo - contestó él ignorando su ironía -. Cinco llamadas perdidas ...
-¿Qué iba a pasar?
-Yo que sé. Me preocupaste, vida.
-Pues ya está. Puedes estar tranquilo que no hay nada de lo que tengas que preocuparte, al menos por mi parte ...
-Yo creo que sí tengo que preocuparme. No estás precisamente contenta.
-No tengo motivos
-¿Para estarlo?
-Sí
-Quiero pensar que quererte no está nada mal, la verdad. Pero veo que no es suficiente. Es una lástima, porque estudiando magisterio, poquito más voy a ser capaz de darte.
-No sé que quieres que te diga.
-No hace falta que digas nada, vida.

Puzzles y piezas

-¿Sabes?A veces, me siento diferente a los demás.
- Vaya, ¿por qué dices eso?
- Es difícil de explicar ... a ver, mi mundo es... mmm... ¿qué ejemplo te pongo?... ¡ya está! mi mundo es como un gran puzzle, un puzzle de colores. Las piezas de arriba son amarillas, las que dan alegría. Las piezas del medio son blancas, las que dan estabilidad y firmeza. Y las de más abajo son verdes, que dan esperanza. No sé dónde entro yo... yo soy la pieza gris, la que no se decide por un color.
- Entiendo. ¿Sabes de qué color eres en mi puzzle? 
- No.
- Eres rosa, sí, decididamente rosa. , la que hace que esté contento, la que hace que sonría cuando sólo me podrían salir lágrimas... tú eres la pieza que da color a mi puzzle. Y ahora te estarás preguntando qué tiene que ver todo esto con que tú te sientas diferente. Bien, todas las piezas en mi puzzle son negras porque no me aportan nada, y desde que te conocí has ido pintado tu pieza un poquito cada día hasta dejarla completamente rosa. No tiene porqué ser malo el hecho de ser diferente.

Miradas que dicen todo

- Díselo.
- ¿Que le diga que?
- Que le quieres, que te mueres por besarlo.
- ¿Qué dices? Pero si a mí no me gusta...
- Claro que te gusta.
- ¿Y tú qué sabes?Además, estoy contigo.
- Creo que esto se ha acabado
- ¿Qué?Pero, ¿por qué?
- Porque siempre que él habla te sale una sonrisa, siempre que se acerca te pones nerviosa, siempre que lo ves, te quedas mirando con una mirada especial con algo que no es una simple mirada. Lo sé porque es exactamente igual que como yo te miro a ti.