María I

Y hoy, simplemente, no está.
Realmente hacía mucho, pero mucho, tiempo que escribía.
Intentaré ordenar las ideas.
Como escribría, simplemente no está.
Es una sensación extraña.
Un vacío.
Casi puedo sentir es que "falta".
Si soy honesto, creo que es la relación con la que emocionalmente más he perdido.
Porque la verdad es que te quise.
Y te quiero.
Pero no es amor, es extrañar lo que tuvimos.
La semana pasada me preguntaron por ti; y es que fuimos un gran equipo.
La verdad que una parte de mí siente pena, por lo que pudimos ser.
Pero otra sabe que nunca llegaríamos a ser nada más y que es lo mejor.
¡Qué suerte haberte encontrado!
Y que suerte haberte perdido.

Por alguna extraña razón son mías

Tal vez ella lo sepa.
O tal vez no.
Pero las noto.
Sin verlas, las noto.
Son esas veces que me mira fijamente.
Como bebiéndome con esos maravillosos ojos azules.
Pero tengo que hacer como que no, porque si la mirase tengo la sensación de que perdería. No se muy bien el qué. Tal vez me perdiese a mí mismo, porque es imposible no dejarse arrastrar por ella.
Son esas veces que estoy hablando y me hundo en mis pensamientos.
Cuando conduzco.
O, cuando le cuento un cuento.
Son miradas que inspiran.
Son miradas que motivan.
Son miradas que incitan a ser mejor, a esforzarte,
Son miradas que me hacen sentir desnudo, vulnerable.
Son miradas sinceras, porque ven mucho más allá de lo que digo.
Y dicen mucho más de lo que imagina.
Pero claro, qué os voy a contar yo.
Si no las podéis vivir.
Porque por alguna extraña razón, me mira a mí.
Con esos maravillosos ojos azules.

La tranquilidad de confiar en la magia

Se lo comentaba hace unos días, y anoche lo hice de nuevo.
Confío.
Confío en ella.
Y, sobretodo, confío en mí.
Porque realmente me gusta.
Es capaz de sorprenderme siempre.
De reírnos de tonterías.
Hace que me sienta escuchado y valorado, aunque luego se le olvide absolutamente todo.
Sí, estoy tranquilo.
Por primera vez de hace mucho tiempo, quiero vivir el presente y el futuro .
No tengo prisa.
Sé que hay magia.
Esa última noche tuvo que haberla. Porque el estar tumbados y pasar de los cuentos a las risas o a los besos sin aviso, sin pausa. Eso tiene que serlo. Y si no lo es, es que los magos todavía no han descubierto la verdadera magia.
O ese momento en el que cogió mi mano y dijo solamente: "ven". Si eso no es un hechizo, no existen.
Pero con ella.
Lo que me deje.

A veces nos conocen mejor que nosotros mismos

Irrumpiendo en la sala.
- Son las ocho y cuarto de la mañana.
- ¿Y? - rápido repaso de las últimas meteduras de pata. No, no había nada tan reciente ni gordo, creía.
- ¿Alejandro Sanz a las ocho?
- Sí - sonrisa porque ya entendía por donde iban los tiros.
- Van dos días eh.
- Lo sé, me siento muy feliz.
- ¿Por algo en concreto?
- Ya lo sabes.
- ¿El sábado?
- ¿Qué más te da?
- Yo que sé, llevabas un tiempo detrás.
- No tenía prisa, tengo la impresión que me queda mucho por delante con ella.
Ceja levantada
- No, no. A ver, mucho porque tengo esa sensación. Hostias tú que presión si no estamos conociendo un poco solo. Además, es rubia - risas.
- Ya bueno. Por si no te has dado cuenta te lo repito: van dos días seguidos de Alejandro Sanz.
- Gracias. Por si no me has escuchado: lo sé. Ya te dije que estoy feliz. Lo que tenga que venir, vendrá; pero mientras estoy disfrutando mucho de estos meses. 
Silencio.
- Y la verdad es que ella está siendo una parte muy importante - concluyó zanjando el tema y volviendo cada uno a lo suyo.

Cambiándote tú

Hay personas que llegan a tu vida y lo cambian todo.
Personas que te sacuden en mundo y por las que vale la pena parar.
Porque el que para, repara.
Y hay veces que es necesario reparar y dejar de correr.
Son esos momentos los que hacen que la vida valga la pena.
Esas sonrisas, conversaciones, enfados o incluso esa ilusión por sorprender.
Esa motivación por avanzar.
Esa ambición por ser mejor.
Esa necesidad de ayudar.
Personas por las que estas dispuesto a sacar tiempo de donde no lo hay.
Que te sorprenden y que parecen tan infinitamente contrarias.
Es curioso que aparezcan en ese momento, cuando menos lo esperas.
Y que simplemente dejándote llevar, arrastrar, hayas acabado aquí.
Así.
Cambiándolo todo.
O cambiándote tú.