Por alguna extraña razón son mías

Tal vez ella lo sepa.
O tal vez no.
Pero las noto.
Sin verlas, las noto.
Son esas veces que me mira fijamente.
Como bebiéndome con esos maravillosos ojos azules.
Pero tengo que hacer como que no, porque si la mirase tengo la sensación de que perdería. No se muy bien el qué. Tal vez me perdiese a mí mismo, porque es imposible no dejarse arrastrar por ella.
Son esas veces que estoy hablando y me hundo en mis pensamientos.
Cuando conduzco.
O, cuando le cuento un cuento.
Son miradas que inspiran.
Son miradas que motivan.
Son miradas que incitan a ser mejor, a esforzarte,
Son miradas que me hacen sentir desnudo, vulnerable.
Son miradas sinceras, porque ven mucho más allá de lo que digo.
Y dicen mucho más de lo que imagina.
Pero claro, qué os voy a contar yo.
Si no las podéis vivir.
Porque por alguna extraña razón, me mira a mí.
Con esos maravillosos ojos azules.

La tranquilidad de confiar en la magia

Se lo comentaba hace unos días, y anoche lo hice de nuevo.
Confío.
Confío en ella.
Y, sobretodo, confío en mí.
Porque realmente me gusta.
Es capaz de sorprenderme siempre.
De reírnos de tonterías.
Hace que me sienta escuchado y valorado, aunque luego se le olvide absolutamente todo.
Sí, estoy tranquilo.
Por primera vez de hace mucho tiempo, quiero vivir el presente y el futuro .
No tengo prisa.
Sé que hay magia.
Esa última noche tuvo que haberla. Porque el estar tumbados y pasar de los cuentos a las risas o a los besos sin aviso, sin pausa. Eso tiene que serlo. Y si no lo es, es que los magos todavía no han descubierto la verdadera magia.
O ese momento en el que cogió mi mano y dijo solamente: "ven". Si eso no es un hechizo, no existen.
Pero con ella.
Lo que me deje.