A veces nos conocen mejor que nosotros mismos

Irrumpiendo en la sala.
- Son las ocho y cuarto de la mañana.
- ¿Y? - rápido repaso de las últimas meteduras de pata. No, no había nada tan reciente ni gordo, creía.
- ¿Alejandro Sanz a las ocho?
- Sí - sonrisa porque ya entendía por donde iban los tiros.
- Van dos días eh.
- Lo sé, me siento muy feliz.
- ¿Por algo en concreto?
- Ya lo sabes.
- ¿El sábado?
- ¿Qué más te da?
- Yo que sé, llevabas un tiempo detrás.
- No tenía prisa, tengo la impresión que me queda mucho por delante con ella.
Ceja levantada
- No, no. A ver, mucho porque tengo esa sensación. Hostias tú que presión si no estamos conociendo un poco solo. Además, es rubia - risas.
- Ya bueno. Por si no te has dado cuenta te lo repito: van dos días seguidos de Alejandro Sanz.
- Gracias. Por si no me has escuchado: lo sé. Ya te dije que estoy feliz. Lo que tenga que venir, vendrá; pero mientras estoy disfrutando mucho de estos meses. 
Silencio.
- Y la verdad es que ella está siendo una parte muy importante - concluyó zanjando el tema y volviendo cada uno a lo suyo.

Cambiándote tú

Hay personas que llegan a tu vida y lo cambian todo.
Personas que te sacuden en mundo y por las que vale la pena parar.
Porque el que para, repara.
Y hay veces que es necesario reparar y dejar de correr.
Son esos momentos los que hacen que la vida valga la pena.
Esas sonrisas, conversaciones, enfados o incluso esa ilusión por sorprender.
Esa motivación por avanzar.
Esa ambición por ser mejor.
Esa necesidad de ayudar.
Personas por las que estas dispuesto a sacar tiempo de donde no lo hay.
Que te sorprenden y que parecen tan infinitamente contrarias.
Es curioso que aparezcan en ese momento, cuando menos lo esperas.
Y que simplemente dejándote llevar, arrastrar, hayas acabado aquí.
Así.
Cambiándolo todo.
O cambiándote tú.