Sin rumbo

Hace días que vivo por inercia, sin saber a donde voy. Simplemente dejándome llevar por compromisos y deberes. No disfruto, no vivo.
Tras una semana de locura, sin parar ni para respirar, descansé. Pero descansé y me quedé con una sensación rara.
Pensé que ya no te quería. 
Pensé que ya no te necesitaba.
Já.
Si no te quiero, si no te necesito, ¿por qué esa locura de semana?
¿Por qué esta mala sensación?
¿Por qué este mosqueo con el mundo?
Pues claro, porque me relajé.
Porque me quise dejar llevar otra vez.

Tras mucho rato hablando sin parar, calló. Entonces ella, tomando su mano entre las suyas, dijo: -“No te preocupes, lo entiendo. Solamente te pido tiempo, si estás dispuesto” – a la vez que lo miraba fijamente a los ojos. Tras unos segundos de silencio, él estalló en carcajadas frente a una sorprendida Sara. Antes que la sorpresa se tornase en enfado, él aclaró: “perdona, tiendo a reirme cuando no debo. ¿Sabes? Llevo meses hablando y pidiendo tiempo. Por experiencia sé que esto no funciona. Mira, me ha encantado hablar contigo y, la verdad, me apetece seguir viéndote, pero como amiga. No me encuentro para nada seguro, emocionalmente hablando. Lo siento mucho”. – concluyó muy serio. – “vete a la mierda”.- fue lo que casi escupió ella, ofendida. Se volvió y pronunció muy lentamente. – “por ahora está bien, si es lo que necesitas. Pero no te vas a escapar así. Si no es ahora, será más tarde. Llevo un mes entrenando a las 8 de la mañana esperando que volvieses.”- pausó un momento su mente y concluyó -“déjalo, necesito chucherías. Mejor chocolate”. – Sonrió y echó a andar dejándolo atrás, completamente anonadado.