Chico sin zapatos

(...) Un muchacho de tu edad solo consigue unos píes así de una manera.
Me miró a los ojos con gesto inquisitivo. Asentí con la cabeza.
El anciano sonrió y me puso una mano en el hombro.
(...)
- Esos, en cambio, están usados, y yo no vendo zapatos usados.
Me dio la espalda y se puso a ordenar el banco de trabajo mientras tarareaba una melodía.
Yo sabía que el anciano estaba tratando de hacerme un favor, y una semana antes no habría dejado escapar la oportunidad de hacerme con un par de zapatos gratis. Pero por algún extraño motivo, no me parecía justo. Recogí rápidamente mis cosas y dejé un par de iotas de cobre encima del taburete antes de salir de la tienda.
¿Por qué? Porque el orgullo nos hace hacer cosas extrañas, y porque la generosidad deber recompensarse con generosidad. Pero sobretodo porque me pareció que era lo correcto, y eso ya es razón suficiente.

No hay comentarios: