Supongo que llegar a este punto era normal.
No lo soporto.
No soporto que no seas capaz de aguantar tu mala leche.
Tus borderías.
Tus ganas de enfadarte.
Pero, bueno, hasta cierto punto, no me importa.
Ahora sí, lo que no estoy dispuesto a consentir, es con tu falta de respeto hacia mi persona en general.
Y hacia todo lo que hago.
Hoy me lo has dejado, una vez más, muy claro.
Te pedí que me dejases un tiempo en paz; hoy vienes hablándome de consecuencias.
Te dije que no me gusta tratar estos temas por whatsapp. No una, ni dos veces. Hoy, ahí estabas de nuevo.
Te digo que estoy conduciendo; te da igual, sigues hablándome.
Entiendo, por tu forma de tratarme, que te importo poco.
¿Pretendes, pues, que te respete yo a ti?
¿Quieres que cierre los ojos, te perdone todo y empezar de cero?
Muy bien lo hago.
Pero, ¿hasta cuándo?
¿Hasta mañana cuando te levantes y estés con tus celos de nuevo?
¿O con tus enfados?
¿O cuando te la sople y no respetes lo que hago?
¿O cuando salga a cenar con mis amigos o amigas?
Sí, amigas, porque te recuerdo que antes de salir eras mi amiga.
Y no pasó nada. Nada.
Consecuencias has dicho.
Te recuerdo, niñata, porque es la palabra que mejor te define, que soy más mayor que tú, y llevo bastante más rodado que tú. Sí, yo también soy un niñato, pero con más experiencia.
Vete a leerle la cartilla a tus colegas, que conmigo, ha sido la última vez que lo has hecho.
Consecuencias, para un lado, y para otro.
Por cierto, me disculparía por ciertas palabras. Si merecieras una disculpa.
(Ahora dirás: "¡Qué mal me tratas!" o "Claro, siempre el bueno y yo la mala, ¿no?". Pues no mujer, como más de una vez te he dicho, ni yo soy bueno ni tu mala, aunque estés empeñado en poner adjetivos a cada. Y a cada uno, lo que se merece, si tu no me respetas, no pienso hacerlo yo. "Pues mis amigos dicen que soy un chollo, que no eres suficiente para mí", enhorabuena, para ellos entera).