Ocurre que cuando das una mala noticia, mucha gente se cree que la mala noticia eres tú
[. . .]
Yo sé muchas cosas sobre malas noticias y todo eso.
Si la noticia que tienes que dar es muy mala, es conveniente dar otra buena antes o después. Preferiblemente después.
Para compensar.
El problema es que no abundan las buenas noticias.
Otro problema es que, algunas veces, cuando quieres darte cuenta , te has acercado demasiado a la mala noticia.
Como Ícaro.
Si hubiera sabido cómo le iba a ir, no creo que se hubiera empeñado en acercarse tanto al Sol.
En realidad solo existen dos tipos de noticias: las que no le dirías a nadie y las que no puedes evitar contar. De las primeras hay muy pocas; porque si tienes una noticia, lo más difícil del mundo es aguantarte y no contarla.
Pero dar una mala noticia puede doler tanto como escucharla. O más.
Ahora también sé que lo peor de una mala noticia es que, cuanto más cercana a ti sea la persona a quien se la tienes que dar, es más fácil que tú también acabes formando parte de ella.
De la mala noticia, quiero decir. No de la persona.
O sea, que si cuentas una mala noticia, al final lo pasas muy mal; la gente acaba creyendo que el recadero y el recado son la misma cosa.
"¿Por qué tuviste que decirmelo?", te dirán.
El problema es que si te lo callas, la persona puede pasarlo todavía peor.
"¿Por qué no me lo dijiste?", te dirán.
Pero lo peor sin duda es cuando la gente se entera que le has dado una mala noticia a alguien.
"¿Por qué se lo dijiste?", te dirán.
Es muy difícil tomar una decisión sobre este asunto.
Una vez leí que en la Antigua Grecia le cortaban la cabeza a los mensajeros que traían malas noticias; tal vez esa fuese la solución.
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Yo sé muchas cosas sobre malas noticias y todo eso.
Si la noticia que tienes que dar es muy mala, es conveniente dar otra buena antes o después. Preferiblemente después.
Para compensar.
El problema es que no abundan las buenas noticias.
Otro problema es que, algunas veces, cuando quieres darte cuenta , te has acercado demasiado a la mala noticia.
Como Ícaro.
Si hubiera sabido cómo le iba a ir, no creo que se hubiera empeñado en acercarse tanto al Sol.
En realidad solo existen dos tipos de noticias: las que no le dirías a nadie y las que no puedes evitar contar. De las primeras hay muy pocas; porque si tienes una noticia, lo más difícil del mundo es aguantarte y no contarla.
Pero dar una mala noticia puede doler tanto como escucharla. O más.
Ahora también sé que lo peor de una mala noticia es que, cuanto más cercana a ti sea la persona a quien se la tienes que dar, es más fácil que tú también acabes formando parte de ella.
De la mala noticia, quiero decir. No de la persona.
O sea, que si cuentas una mala noticia, al final lo pasas muy mal; la gente acaba creyendo que el recadero y el recado son la misma cosa.
"¿Por qué tuviste que decirmelo?", te dirán.
El problema es que si te lo callas, la persona puede pasarlo todavía peor.
"¿Por qué no me lo dijiste?", te dirán.
Pero lo peor sin duda es cuando la gente se entera que le has dado una mala noticia a alguien.
"¿Por qué se lo dijiste?", te dirán.
Es muy difícil tomar una decisión sobre este asunto.
Una vez leí que en la Antigua Grecia le cortaban la cabeza a los mensajeros que traían malas noticias; tal vez esa fuese la solución.






