El primer instinto humano es la supervivencia. Es por ello, entre otras razones, por lo que nos agrupamos y tenemos relaciones con otras sujetos de la misma especie.
Para el establecimiento de estas relaciones, lo primero que hacemos es buscar aquellos especímenes que nos resulten más convenientes y más afines a nuestros gustos y formas de ser. La mayor parte de las veces, estas relaciones son simbióticas y derivan en amistad; otras veces se quedan en las denominadas "cadenas de favores" y, otras veces, acaban con uno de los sujetos rompiendo la relación por, lo que podría denominarse, tensar demasiado la cuerda.
Este año académico he tenido de todo. Y sería muy injusto negar que he conocido a grandes personas, grandes amigos, que, como toda relación, comenzó por conveniencia y acabó con amistad. Sinceramente, me siento muy orgulloso de esas relaciones y de haberlos conocido.
Pero ese no es el motivo de estas palabras. Al contrario, se trata del otro extremo; de esas personas que solo te hablan para pedirte favores, ayuda o simplemente cuando tienen tiempo. Y lo peor no es eso. Lo peor es que resulta que cuando tu no tienes tiempo, ya sea para ayudar o simplemente hablar, parece que seas un delincuente. Llevo una semana con necesidad de desahogarme, de contar cosas, de un rato de desconexión.
Y a la hora de la verdad, me sobran dedos de una mano para decir las personas que han estado.
No os preocupéis, no soy rencoroso y estaré ahí cuando necesitéis algo. Lo que no entiendo es como os hacéis llamar amigos y podéis dormir por la noche tan tranquilos. Por mi parte, no os fallaré; pero tampoco os llamaré amigos o penséis que tenemos algo parecido a la amistad.