Resulta curioso.
Siempre me he jactado de no necesitar a nadie.
De poder ser total independiente sentimentalmente.
Sin embargo, ahora, después de tres semanas de aislamiento, me he dado cuenta.
No es que no necesite a los demás.
Es que necesito que los demás me necesiten.
Así de simple.
Y así de complejo a la vez.
Quiero que me necesiten: ellos.
Ellos que componen mi pequeño mundo.
Los echo de menos.
A todos.
En especial, a ti.
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