La lámpara y el ciego


Había una vez, hace cientos de años, en una ciudad de Oriente, un hombre que cierta noche iba caminando por las oscuras calles llevando una lámpara de aceite encendida. La ciudad era muy oscura en las noches sin luna como aquella. En determinado momento, se encuentra con su amigo. El amigo lo mira y súbitamente lo reconoce. Se da cuenta de que es Guno, el ciego del pueblo. Entonces le dice:
-“¿Qué estás haciendo Guno, tú que eres ciego, con una lámpara en la mano? Si tú no ves …
Entonces, el ciego le responde:
-No estoy llevando la lámpara para ver mi camino. Yo conozco la oscuridad de las calles de memoria. Llevo la luz para que otros encuentren su camino al verme a mí.

La colonia





  • -Te echo de menos. Además, lavé tu sudadera y ya no huele a ti; no es lo mismo ya - comentó la muchacha con un tono apagado.
  • - . . . 
  • -Pero no importa, porque mi bufanda de hoy huele increíblemente bien a tu colonia
  • -Jajajaja -río él, ante la cara que le echaba ella - normal, como que te echaste un montón mientras me duchaba.
  • -Bueno, ... es que me encanta; como me encantas tú.
  • -¡Oh!
  • -Mentira. Tú me gustas muchísimo más.

Esperanza, http://www.deportesininsultos.com/web/


El pasado viernes (11 de febrero), en un partido de prebenjamines de la liga provincial de Málaga, viví una de las experiencias más bonitas de mi carrera como árbitro de fútbol.
 
Se enfrentaban el Juventud de Torremolinos y el C.D. Puerto Malagueño. A falta de cinco minutos para el final, el equipo local vencía por uno a cero. Con el balón claramente controlado por este en el borde de su área penal, me percaté de que uno de los jovencísimos jugadores visitantes se hallaba en el suelo y detuve el juego, que, lógicamente, debía ser reanudado con un balón a tierra (bote neutral).
 
Ante esta situación, el entrenador visitante indicó a sus jugadores que lanzasen la pelota fuera por la línea de meta para que sacase el Torremolinos. Sin embargo, un jugador del Puerto, obviamente sin maldad, lanzó a portería y marcó el gol del empate. Todos los adultos cruzábamos miradas de incredulidad, pero el gol, claro está, era legal.
 
Rápidamente, el entrenador del Puerto ordenó a sus jugadores que se dejasen marcar un gol. Los niños no lo entendían muy bien, pero lo acataron. Bueno, todos menos el portero, que evitó el tanto. En la siguiente interrupción, el entrenador  visitante solicitó acceder al terreno de juego para hablar con sus jugadores y explicarles lo que estaba ocurriendo. Lo mismo quería hacer el local. Yo, dadas las especiales circunstancias generadas, se lo permití a ambos. Tras ello, esta vez sí, el Torremolinos marcó el que sería, a la postre, el último gol del partido, que, por tanto, finalizaba con victoria local por dos a uno.
 
Tras acabar el choque, me abracé con ambos entrenadores (el comportamiento del local también había sido ejemplar, manteniendo la calma y las formas en todo momento). Me sentí feliz por lo que había vivido y les di las gracias.
 
Fue una emotiva experiencia para todos, especialmente para los niños que jugaban y los que veían el partido en las gradas. Si todavía en aquel momento no entendían bien los detalles de lo sucedido, sus entrenadores ahondarían todo lo necesario después en el asunto. Lo que no admite duda es que será positivo en su crecimiento como deportistas y como personas.
 
Quizá ellos no lo sepan, pero tocaron el cielo en aquel partido. Y al cielo nos condujeron a todos los que allí estábamos. Lástima que, como contrapunto, tengan que escuchar a sus ídolos (tras, por ejemplo, ganar un partido anotando voluntariamente un gol con la mano o marcando un penalti fruto del fingimiento y el engaño al árbitro) decir que lo fundamental son los tres puntos, sin importar la forma de lograrlos. Se equivocan los jugadores profesionales que afirman eso, pues el fin no justifica los medios, sino que, como decía Gandhi, los medios son el fin.
 
Lo más importante no es vencer al rival, sino superarse a uno mismo. La verdadera victoria es tocar el cielo de los valores que dan sentido a la vida. Visto así (y, a mi juicio, es la única forma de verlo), el pasado viernes por la tarde vencieron ambos equipos de prebenjamines. Es más, vencimos todos. Porque todos tocamos el cielo de los valores, que es de lo que se trata en el deporte y en la vida.
 
 
Ángel Andrés Jiménez Bonillo, árbitro de fútbol y Presidente de la Asociación Deporte Sin Insultos.
13 de febrero de 2011.

There are some exceptions, always


  • -Oye la del vestido verde de tus fotos es un poquito suelta, ¿no? - comentó él, así, como sin quererlo, tras ver las fotos.
  • -Que va, para nada.
  • -A favor de la muchacha hay que decir que tiene buen tipo ...
  • -Creo que tú y yo tenemos gustos muy distintos - comentó ella un tanto decepcionada - ahora, eso sí, baila genial.
  • -Mmm
  • -A ver, venga ya, suéltalo, ¿hay alguna de mi clase que te parezca mona?- Preguntó la chica rubia con cierta ilusión.
  • -Si te digo la verdad, no les he prestado demasiada atención.
  • -Entonces, ¿para qué miras las fotos?
  • -Es evidente, ¿no? Para verte a ti - Contestó con toda normalidad.
  • -Ooooh-dejó escapar ella, visiblemente sorprendida por el piropo tan inesperado. Sobretodo después de la tarde que llevaban
  • -Jajaja, esa no te la esperabas - Rió ante la sorpresa de chica. Aún así, volvió a la carga:
  • -Oye, esa Sara parece mona.
  • -Sí, esa es bastante mona...
  • -¿Y qué me dices de Paloma?Parece bastante guapa.
  • -No, si ahora le van a gustar todas mis amigas menos yo - pensó.- ¿Paloma?Será guapa pero tiene un cuerpo muy feo y además es muy pija - respondió de nuevo, ligeramente abatida.- Bueno y... - se decidió a preguntarlo - y yo, ¿salgo guapa, vida?
  • -Preciosa-contestó él al instante, como si hubiese estado esperando la pregunta.
  • Y con un toque malicioso, añadió al momento:
  • -Chinita mía.
  • Acto seguido, empezó a reirse; mientras la sonrisa de la muchacha rubia se desvanecía.
  • -Bueno, ¿alguna más te parece guapa?
  • -No, creo que solo esas dos.
  • -¡Sólo dos de treinta que somos!¡Qué exigente! - ironizó ella.
  • -Bueno, y tampoco es que sean bellezas las dos esas. Por eso creo que me he quedado con la mejor.
  • -No sé yo ¿eh?, entre que soy china y no soy simpática -contestó ella con una mirada picarona.
  • -Y poco cariñosa a veces. Y tus planes hacen aguas por todos lados - contestó él rápidamente, para asombro de ella - pero no pasa nada: te quiero y ya está.