A sus ocho años, Gabrielito, tenía a veces arranques sorpresivos. Era muy despierto, quizá demasiado.
Con el abuelo se llevaba bien, pero en una ocasión le preguntó:
-Abuelo, ¿vos siempre fuiste viejo?
-No, Gabriel. Yo hace mucho fui niño, como vos ahora.
-O sea que yo también seré viejo.
-Ojalá llegues a los 85, como yo.
-¿Y no puedo seguir siendo niño a edad tan avanzada?
-No, Gabriel. La infancia dura poco. Dentro de unos años ya te saldrá bigote.
-No quiero bigote.
-¿Por qué?
-Porque el bigote lastima a las muchachas cuando uno las besa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario