¿Te sientes egoísta?





El egoísmo que nos domina como individuos y como especie. Somos seres que tratamos de encontrar la comodidad y los beneficios personales que nos hagan sentir “a gusto”, sin ni siquiera reparar en los daños e impactos negativos que le propinamos a nuestra casa llamada “Planeta Tierra”.
Para aclarar, esto es diferente al amor propio, que es necesario y saludable, porque el egoísta no siente amor hacia su persona sino desprecio y quiere todo para él porque se siente miserable y vacío.
La diferencia entre el amor propio y el egoísmo es que mientras el primero es el sentimiento de respeto por uno mismo, que no puede ceder su propio espacio, el segundo es la pretensión de utilizar a los otros para su propio beneficio, manipulándolos como objetos.
Buda decía que si la gente no se odiara tanto a si misma, habría menos sufrimiento en el mundo, porque el odio hacia si mismo se proyecta con agresividad y violencia.
El hombre egoísta está solo y aislado, por eso trata de llenar su vida con objetos. Su personalidad puede ser depresiva con rasgos obsesivos.
El egoísmo sin embargo no es instintivo, sino primitivo. Hasta una perra cuida a sus cachorros y los protege y se protege del peligro; sin embargo, nosotros como personas solo pensamos en nosotros mismos, a lo mucho pensamos en algunas otras personas que nos rodean habitualmente. Pero queremos cerrar los ojos e ignorar la situación, como si haciendo tal cosa, el problema fuera a desaparecer o resolverse. O todavía más egoísta: es SU problema.
Lástima de evolución, tal vez no seamos dignos de ella

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